14/09/2018 4 minutos
  • Los árboles ayudan a reducir la contaminación en las ciudades
  • Las zonas con espacios verdes mejoran el confort térmico de los ciudadanos
  • Sanitas tiene en marcha el proyecto Healthy cities para lograr ciudades más sanas y sostenibles

La vegetación puede evitar más de 3.600 casos de asma y 4.000 síntomas respiratorios agudos en la ciudad de Madrid, según los datos de un estudio realizado por el Ayuntamiento de Madrid. El análisis demuestra que los árboles contribuyen de manera importante a la reducción de la contaminación que es uno de los principales problemas de las ciudades: absorben más de 673 toneladas al año.

Otros estudios también han demostrado los beneficios que tiene en la salud dotar de zonas verdes las áreas urbanas. Uno de ellos es el desarrollado por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) que señala que los niños que crecen rodeados de más espacios verdes presentan mejoras de la capacidad de atención.

En este sentido, Iñaki Ferrando, doctor y director de Comunicación Médica de Sanitas asegura que  “los árboles son focos de estimulación y atención muy importantes para el desarrollo y el mantenimiento de las funciones cognitivas”.

La vegetación mejora el confort térmico de las personas

Otra de las investigaciones sobre la influencia de los espacios verdes en la salud es la realizada por Ester Higueras, arquitecta y profesora de la Universidad Politécnica de Madrid que ha estudiado la relación existente entre las zonas verdes urbanas y la sensación térmica de las personas en la ciudad.

El estudio se llevó a cabo en un parque de Beijing, ciudad elegida por poseer un clima continental húmedo con veranos con extrema humedad y calor sofocante, que la convierten en un sitio objeto de análisis sobre microclima urbano y confort térmico.

La principal conclusión de la investigación es que los espacios verdes aumentan el confort térmico de las personas. ¿Por qué es importante lograr un buen confort térmico para la salud? Según el doctor Ferrando, la regulación de la temperatura es una de las funciones básicas de nuestro organismo. “Los seres vivos precisan regular la temperatura de su organismo para sobrevivir”, comenta.

Añade que un exceso o disminución de temperatura provoca incomodidad y molestias como fiebre o hipertermia en el caso de un aumento o hipotermia si se trata de una disminución. “Ambas situaciones son potencialmente mortales si no se mantiene una temperatura media  en nuestro organismo. Por ello, la regulación de la temperatura es fundamental”, afirma el director de Comunicación Médica de Sanitas.

Aumentar el porcentaje de los espacios verdes en las ciudades y mejorar la disposición de los parámetros del paisaje puede ayudar a moderar el efecto ‘isla de calor’ urbana, según el estudio de Higueras. Para la investigadora, este es un efecto derivado de la contaminación que se produce en las ciudades y que cada vez es progresivamente mayor, lo que puede dar lugar a enfermedades como las respiratorias y uno de los elementos clave son las zonas verdes. “Los árboles filtran los contaminantes del aire, retienen partículas en sus hojas, aumentan la humedad y reducen la temperatura de los suelos”, argumenta.

En relación al estudio desarrollado por la arquitecta de la UPM, el doctor Ferrando comenta que toda ayuda al control de la temperatura ambiente es inestimable y altamente deseable. Y “si, además, se hace de forma tan natural como es la utilización de elementos vegetales, la solución es la más deseable, ecológica y sostenible”.

Renaturalizar la ciudad para conseguir entornos saludables y sostenibles

En esta línea, Ester Higueras cree que hay que renaturalizar la ciudad. Por eso, desde su departamento de urbanismo siguen desarrollando investigaciones para contribuir al desarrollo de ciudades más saludables y sostenibles, una de las principales metas a alcanzar de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas para 2030.  “La ciudad concentra problemas pero la ciudad en sí misma no es el problema, es la solución al problema de salud urbana. Y, para ello, hay que pensar las ciudades de otra manera”, considera.

Esta aspiración por mejorar las ciudades también se encuentra en el ADN de la agenda de Responsabilidad Social Corporativa de Sanitas. Y, para lograrlo, en 2015 la compañía creó el movimiento Healthy cities, cuyo objetivo es fomentar hábitos de vida saludables desde las compañías e impulsar el cambio en las ciudades.

Este año el proyecto celebra su cuarta edición que busca combatir el sedentarismo con un reto: caminar 10.000 pasos diarios. “Nuestro objetivo principal es promover la actividad física y reivindicar la necesidad de crear ciudades generadoras de salud  y sostenibles”, comenta Yolanda Erburu, directora de Comunicación, RSC y Fundación de Sanitas y Global lead de CRS de Bupa.

Para Erburu, tanto las instituciones públicas como las empresas tienen que trabajar de la mano para ayudar en el desarrollo de ciudades más saludables y sostenibles. Datos como los derivados de las ediciones de Healthy cities indican que se están consiguiendo cosas en esta línea. Por ejemplo, en 2017 más de 3.000 empleados de más 40 empresas acumularon más 470.000 horas de actividad física, lo que les ayudó a reducir 27 semanas la edad media de su corazón, además de quemar más de un millón de calorías gracias a sus esfuerzos. Y con los nuevos retos propuestos, se esperan que estos datos mejoren aún más.

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