24/11/2017 4 minutos
  • El 80% de las personas que viven con alzhéimer son cuidados en domicilios privados
  • Solo 2 de cada 10 hogares de enfermos con alzhéimer disponen de accesos y zonas comunes completamente adaptadas
  • La tristeza o los cambios de humor son algunas de las consecuencias de esta falta de adaptación

¿Alguna vez se ha preguntado las barreras con las que se encuentran los cuidadores de personas con alzhéimer para la atención de éstos? Pues bien, según el Estudio Sanitas Barreras físicas y alzhéimer realizado por Sanitas, uno de cada tres cuidadores de enfermos de alzhéimer se encuentra alguna barrera física al menos una vez al día y el 43% se encuentra con esta realidad cada vez que sale de casa.

Esta situación se da en un contexto donde uno de cada cuatro hogares españoles se ve afectado por el alzhéimer, según datos de la Confederación Española de Alzheimer (CEAFA). Esto no es de extrañar teniendo en cuenta que más de 1,2 millones de personas en España vive con esta enfermedad. Además, las previsiones no parecen mejores. Según el profesor Graham Stokes, director global de Cuidados de Demencia de Bupa, “vivimos en sociedades cada vez más envejecidas y la realidad es que la demencia es hoy uno de los grandes retos globales de salud”.

“Solo dos de cada diez hogares de personas con alzhéimer disponen de accesos y zonas comunes completamente adaptadas”

Añade el profesor que esto sucede en entornos cada vez más urbanizados, en grandes ciudades. Por eso, adaptar estos entornos a las necesidades de estas personas es una medida más para hacer frente a este reto, según Stokes.

 

Sin embargo, las personas que viven con alzhéimer y sus cuidadores hacen frente día a día a entornos poco amigables fuera y dentro de sus hogares. Así, solo dos de cada diez hogares de personas con alzhéimer disponen de accesos y zonas comunes completamente adaptadas a las necesidades que impone esta enfermedad.  El principal motivo de los familiares para no adaptar el hogar es el económico, según se desprende del estudio de Sanitas. Datos que cobran una importante relevancia si se considera que ocho de cada diez personas con alzhéimer vive en domicilios privados, especialmente en las fases iniciales de esta enfermedad.

Un entorno mal adaptado, perjudicial para el desarrollo de la enfermedad

“Es fundamental que las personas que padecen alzhéimer que son cuidadas en sus hogares vivan en entornos lo mejor adaptados posibles. Se trata de ciertas directrices que hacen más fácil su cuidado pero que también mejoran su sintomatología”, comenta el doctor Pedro Cano, director de Innovación Médica de Sanitas Mayores. “Por ejemplo, los colores llamativos pueden provocar en un enfermo episodios de estrés, por lo que es recomendable pintar la casa con tonos suaves y evitar muebles de colores llamativos”, afirma Cano.

Las escaleras en los accesos (42%) y los pasillos excesivamente estrechos para el paso de una silla de ruedas (33,3%) son las principales barreras para los cuidadores en las zonas comunes. Dentro de los propios domicilios, la ausencia de cama adaptada (56,48%) o de una grúa para movilizar al enfermo (42,13%) son los principales obstáculos. Además, la existencia de bañera en vez de ducha es otra de las problemáticas con las que conviven las personas que cuidan a una persona que vive con alzhéimer.

“Una mala adaptación de los espacios en los que desarrollan su día a día puede tener consecuencias en su enfermedad, como tristeza, malestar o arranques de ira”

Para el arquitecto Mauro Cuesta, encargado de adaptar las infraestructuras de Sanitas Mayores, es necesario adoptar alguna serie de medidas para hacer del hogar un entorno amigable con la demencia. Considerar los criterios de proporcionalidad del espacio; eliminar o controlar los elementos de riesgo físico o que puedan generar situaciones de estrés; adaptar las texturas y colores de manera que se cree un contraste adecuado; adaptar espacios exteriores o de transición; facilitar la accesibilidad más allá de los requerimientos legales; elegir muebles ergonómicos con adaptación en altura; disponer de cama adaptada; o adaptar la iluminación en cuanto a intensidad y temperatura de color son algunas de las mejoras a realizar, según el arquitecto.

“Lo fundamental es que cualquier adaptación pase por comprender las necesidades reales de las personas con demencia y la percepción que tienen estas personas a nivel visual, acústico y espacial”, explica el experto de Sanitas.

Además, esta falta adaptación tiene consecuencias sobre los propios enfermos. La situación de tristeza que ésta provoca es uno de los principales efectos. “Los enfermos de alzhéimer son muy sensibles a sus entornos. Una mala adaptación de los espacios en los que desarrollan su día a día puede tener consecuencias en su enfermedad, como tristeza, malestar o arranques de ira”, asegura Pedro Cano.

Cambios en el humor del enfermo o la imposibilidad de acceder a ciertos lugares son otras de las consecuencias de una mala adecuación del entorno.

Tan solo un tercio de los cuidadores reconoce tener suficiente información para acondicionar el hogar a las necesidades del enfermo. En este sentido, ocho de cada diez afirman que no detectan un compromiso social para convertir las ciudades en entornos amigables con la demencia.

 


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24/11/2017 ESTUDIO SANITAS BARRERAS FÍSICAS Y ALZHEIMER 2017

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